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Hoy hay que gritar, gritar a los cuatro vientos, gritar con alivio, con esperanza, gritar fuerte, con un grito que aturda, que resuene en la faz de la tierra.
A veces gritamos en silencio, nuestro cuerpo se estremece, rugen nuestras entrañas, nuestro cerebro está a punto de estallar, pero no emitimos sonido alguno, nuestra boca no atina a articular ni una sola palabra.
Gritemos por la alegría, porque todo esta saliendo bien, porque ganamos, porque la vida es rosa y el cielo azul, por la fascinación de vivir, gritemos.
Gritemos de dolor, gritemos de pena, porque nos hemos golpeado una y otra vez contra la misma pared, porque la vida nos ha jugado mal y nos tiene tirados en el piso y sin esperanza, gritemos con tristeza, que se escuche nuestro lamento, por el amor perdido, por el ser querido que se ha marchado, por todas las cosas que no nos dejan respirar.
Gritemos de angustia, de desesperación, porque estamos en problemas, porque necesitamos llamar la atención, gritemos porque queremos a alguién y esta persona no nos corresponde, gritemos para saltar ese bache, para recibir ayuda.
Gritemos de corage, de odio, porque no soportamos a alguién, porque las cosas nos salen mal, porque la hipocrecia nos jode todo el día todos los días, porque nos hartan los criticones y los señaladores, porque nos hicieron enojar en nuestra casa, porque la furia corre en nuestras arterias, porque ya no aguantamos más abusos, porque gritar es mejor que no hacer nada contra lo que nos frustra.
Gritemos porque somos diferentes, porque nunca seremos igual que los demás, porque nos importa un carajo lo que digan de nosotros y si nos aceptan bueno y si no quien los necesita.
Gritemos por gusto, gritemos por necesidad, gritemos para ser escuchados, porque tenemos una demanda que el mundo tiene que responder, por la contaminación, por la pobreza, por el calentamiento global, contra el racismo, contra la discriminación, gritemos contra quienes nos llaman fracasados, contra quienes nos dicen extraños, contra los elitistas, los ricos, los indiferentes, sobre todo contra esa sádica indiferncia que corre por nuestras venas.
Gritemos en el momento, porque no hay un mañana para que nuestra voz sea escuchada, gritemos ahora porque después nuestro grito no tendra importancia, gritemos fuerte y claro.
Nunca hay que tragarse nuestros sentimientos ni nuestras palabras, si estamos hasta el tope de alegría o de dolor o de problemas, sólo hay una salida GRITA.

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