Prendí el stereo del carro, bajé los vidrios y le subí al volumen, nada especial, eso lo hago todos los días.
Pero en verdad si fue especial, porque el aire frío que entraba por la ventana me erizó la piel, el volumen más alto de lo normal hizo entrar la música hasta el fondo de mi conciencia y la unión de ambas cosas hizo que mi garganta se abriera, explotara y no pude dejar de entonar y de gritar las canciones de los Red Hot Chilli Peppers durante el trayecto de la casa de mi novia hasta la mia.
Fue algo maravilloso, no pensaba en nada más, las melodias guiaban mis movimientos al volante, no necesite aumentar la velocidad y si algún conductor hizo una impericia lo último en lo que pensé fue en insultarlo, simplemente conducía cadenciosamente e inundaba el aire con mi música, con mis gritos.
Era un sensación de inexplicable tranquilidad, pero simplemente me sentí feliz, no lo puedo explicar de otra forma.
Conducir y oir música a todo volumen, excelente mezcla.

No comments yet
Feed de los comentarios de este artículo