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Estoy leyendo un libro de un español llamado Jesús Ferrero, del cual no llevo ni la mitad pero la mano del escritor me ha revelado muchas cosas, el libro no esta hecho para ser bello, pero los detalles me muestran muchas cosas y me encantan, por eso quiero compartir con ustedes dos fragmentos de este libro llamado: El diablo en los ojos:
Fragmento 1:
Otra vez la pérdida de la conciencia. ¿Adónde se iba la conciencia cuando se perdía? Ése era el problema. Nadie sabía donde se ocultaba la conciencia cuando la anulaba el alcohol. Igual se veía obligada a sumergirse en un espacio de una opacidad hostil, casi impenetrable, y entonces se convertiría en una conciencia loca, en una piraña, dando bocados en la oscuridad.
Fragmento 2:
Una se podía pasar media vida en una esquina del mundo y viviendo con alguien que, a pesar de tenerte siempre delante, no te había visto nunca ni había ya posibilidad alguna de que te viera.
Los invito a atesorar y disfrutar estas ventanas de la ebriedad inconsciente y de la soledad cónyugal y si no les gusta, no importa no siempre nos gustan los demás.
Estaba yo sentado en una silla plegable de tubo delgado y blanco y tela tejida como de plástico, no se bien que material es, tal vez cáñamo o algún otro. Veía desde dentro de una casa pequeña en espacios, pero aún así de dos plantas, como el aire agitaba unas palmeras que rodeaban una pequeña cancha de basquetbol y unos juegos infantiles; estaba rodeado de varias personas, pero quedó mi vista clavada en la nada gracias a ese presentimiento de que una pequeña gran catástrofe está por presentarse.
Me acomodé mejor en mi silla, para que sin inmutarme, pudiera observar como el viento, a una velocidad endemoniada, empezaba a arrancar las palmeras ysin saber como su fuerza destructora podía hacerlo, también observaba como arrancaba desde los cimientos, casas de concreto, pequeñas y blancas, muy similares a la casa en la que yo me encontraba.
Suspiré, conocía el siguiente paso, vi como la puerta de metal del frente de la casa volaba, junto los muebles y las personas que se encontraban en la casa. Empezando yo a volar con la fuerza del aire de la tormenta, veía como se arrancaban tuberías y paredes, además que que prestaba atención a las caras de terror de las personas que me acompañaban en mi viaje involuntario por los cielos, además de observar a otras personas ya desfiguradas por los golpes contra objetos y muros, sangrando y muriendo con rapidez.
Sonreí al tener en mi mente, la comparación de mi cuerpo con una bolsa de plástico que cedía al ritmo del viento y del polvo, que bailaba indefensa, obviamente estaba la diferencia, es que yo empezaba a deformarme a cada golpe y en el trajineo terminé como una masa sanguinolenta de carne, huesos y algunos pelos.
No me pregunten como es que he venido a contarles el final de mi historia, pero es que perdí el hilo desde el principio de ella.
Entra a un restaurante un hombre jalando a una mujer del brazo, se le veía bastante incomoda, como si la fuera a llevar al infierno, no sabemos si exactamente será eso lo que hará.
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LA CARTA
MENÚ
Entradas:
-Tapas de intestino de ceroquitenco venuciano.
-Tostadas de pterodaptilo terrestre en conservas.
-Centros de queso de leche de selicon con jitomate rosa.
Platos fuertes:
-Corte de bernapaciano neogalactico (399 oz.)
-Pasta de habichuelas acompañada de coles lactas.
-Circundo a la plancha con hierbas del oriente del universo (Sugerencia del chef)
Postre:
-Madreselvas en almíbar plateado.
-Orcántugos azúcarados.
Bebidas
-Vino
-Café
(La selección de los platos, es la que se encuentra subrayada de la carta, el señor eligió, no se menciona el número de cada selección, porque al igual que el menú, es totalmente intrascendental)
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En la mesa, el hombre come con gran apetito y la dama apenas toca su plato.
-Querida, ¿has perdido el apetito de nuevo?
-No soy tu querida, no quería venir, te odio.
El hombre con un bocado en la boca contesta: -Eres una puta, así que puedes ser mi querida el día que yo quiera, no te estoy pagando, porque los hombres no le pagan a las putas con las que se casan, solamente le pagan a las mujeres con las que no están casados- Le toma a su vino aún con el bocado en la boca y continúa. -Así que déjate de melodramas y come, es nuestro aniversario, veo que lo has olvidado.
-No he podido olvidar nunca la maldita fecha en la que me tuve que casar contigo, pero no veo razón para festejarla.
-Siempre tan bromista, querida, te casaste conmigo por dinero, cual puta que eras y no dudo que se te hayan quitado las mañas del oficio, puedes celebrar el día en que tu dinero aumento a causa mia, tienes lo que quieres.
La mujer toma el plato de los orcántugos y se lo echa encima a su marido, a la vez de que le grita: -Deja de decirme puta, te odio, me casé a la fuerza, lo sabes bien, solo para que pudiera encubrir un robo que había echo, no soy feliz, quiero el divorcio.
El hombre, que por poco había esquivado el plato, pero que tenía un par de orcántugos en su abrigo caro y en su pelo, se levanta, saca una pistola y le dispara al momento que le dice a su mujer: -Bueno, si quieres el divorcio, ya sabes el dicho, hasta que la muerte nos separe, adiós.
Se levanta de la mesa y le dice a un mesero: -Por favor, limpien este desorden y traiganme la cuenta.
Los meseros tiran todo, esposa muerta incluida, en un gran bote de basura verde y le dejan la cuenta: $52,328.00
El hombre deja el dinero más una buena propina mientras piensa en lo mucho que han subido los precios en ese restaurante, se la pensará para volver.
¿Cuándo la vida deja de ser vida y se convierte en un martirio?
¿Cuándo tu cuerpo se convierte en un estorbo?
¿Cuándo es la muerte la mejor salida y la única bondad,
la verdera y bella libertad,
la mejor alternativa?
¿Quién lo mide?
¿Quién pone el parámetro?
¿Dónde se dice que hay un límite?
¿Por qué Dios no lo dejó escrito junto a los mandamientos?
¿Por qué no matarás es pecado, cuando la muerte es la cosa más bella que le podrías regalar al que lo necesita y además es gratis?
Nota del autor:
Estas palabras me salen de la mente y corazón al ver una película realmente conmovedora, Mar adentro, les comparto el último poema de la película, dicho por el personaje principal Ramón Sanpedro:
“Mar adentro, mar adentro…y en la ingravidez del fondo, donde se cumplen los sueños, se juntan dos voluntades para cumplir un deseo. Un beso enciende la vida con un relámpago y un trueno, y en una metamorfosis mi cuerpo no es ya mi cuerpo, es como penetrar al centro del universo, al abrazo más pueril y al más puro de los besos, hasta vernos reducidos en un único deseo: tu mirada y mi mirada como un eco repitiendo sin palabras: más adentro, más adentro, hasta el más allá del todo por la sangre y por los huesos. Pero me despierto siempre y siempre quiero estar muerto para seguir con mi boca enredada en tus cabellos.” Ramón Sanpedro (Javier Bardem) – Mar Adentro (Alejandro Amenábar)
Una vez tuve un amor platónico,
cuando me arme de valor,
le dije que le quería,
jamás me volvió a hablar.
Y me siento mirando al cielo,
esperando un milagro,
veo pasar una estrella,
se acerca,
cae entre mis brazos,
me quema,
estoy muerto.
¿Será la muerte un milagro?
Y quemé mi sombra en la pared, un recuerdo para que alguien lo vea y piense en mí, sin saber en quien piensa.
Hace tiempo que estoy perdido y que me salí de las mentes de las gente que me recuerda, me quedé olvidado en un pasado, como el tipo que solía conocer, de esos de los que hablarán algun día al decir que se lo han encontrado en el camión, por no decir que me encontraron tirado en la calle.
Hace tiempo que no sé que hacer conmigo, no se quién soy, ni a dónde voy y no hay forma de volver a esa realidad, tan vacía y cruel, que nunca sabrá qué hacer conmigo ni aunque mate los restos de mi desmejorada sanidad mental.
Me iré, sé que lo haré, aquí nadie me ha dejado un lugar, sólo soy un lugar vacío, dejaré atrás una vacante gris, que el próximo don nadie la ocupe, no le costará, no hice más que respirar. No me pidas que de marcha atrás, aunque sé que no lo harás, que ni si quiera te importará, pero no hay nada que remediar y no me interesa que sientas lástima por mi una vez más.
Y no lo digas…
no me volverás a ver…
no necesitas hacerlo,
ya sé que me olvidarás, lo has hecho antes, lo estas haciendo ya y entonces me puedes preguntar, ¿quién diablos eres?
-Sólo soy un lugar vacío.
Y mi último tango en esta ciudad me trajo la muerte,
el baile me llenó de sangre la memoria,
las balas se incrustaron en mi carne con pasión,
todo por unas faldas,
todo gracias a la más vieja de las razones, la más común,
esa que acaba con la razón humana,
que de por sí es escasa y tonta,
el humano lucha pour una creencia irreal de amor
y yo morí por ella,
que ni me ve,
pero que baila con la pasión del tango,
que me calienta la sangre,
que no me deja dormir
y la sigo al compas de sus tacones,
con las ondulaciones de sus faldas,
la sigo con amor,
el bandoneón señor, el bandoneón,
esos violines
y quién oye a Gardel, quién a Discépolo,
una más de Sosa para mi,
en esta baldosa donde se mueven las últimas gotas de mi vitalidad,
el mundo se termina ante mi y no sé si tendré la oportunidad de volver a él,
otro día,
por otras razones,
para mejorar lo hecho o llorar el pasado,
y se pierde la vida por nada,
se pierde la sangre por nada
y nada pasa si eres O positivo o negativo,
no te salvará ni el dolor vivido, ni las experiencias salvadas,
sálvate tú,
eso le gritaron a Jesús,
él no debía hacerlo, podrás hacerlo tú,
no sé,
no creo,
se cae el mundo,
me caigo yo,
es hora de mi muerte
y solo veo nubes negras,
lloren y mojenme los pies,
para que mi sangre se mezcle con la lluvia,
y la tierra se trague mi cuerpo y no los gusanos,
¿crees que me he perdido?
Encuentrame tú.
Y sin darle tiempo para empacar siquiera, el rey fue echado de su reino, literalmente echado por cuatro guardias del nuevo gobierno real, los cuales, se comentaban entre sí, por qué habría sido que no mataron al ex manda más del reino y que el nuevo rey que prometía una mano dura, había sido muy benévolo perdonando a este rey que había dejado a su pueblo morir de hambre.
Y el Rey, con un dejo de dignidad que le quedaba, se paró y grito a la puerta para quien lo quisiera escuchar: “Este será un pueblo maldito, sin dignidad, sin lealtad a su rey, sin nada de que estar orgullosos. Su nombre quedará en el olvido, los campos se secarán y tanto la lluvia como el sol se olvidarán de ustedes. Ninguna persona querrá negociar más con este pueblo que perderá esa credibilidad y si se quejaban de hambre, ahora ni siquiera la comida verán. Los maldigo a ustedes y a todas sus generaciones a epidemias y muertes dolorosas y le digo a su rey que la espada más fiel de su reino, atravesará su cuerpo y le partirá en dos”
Y el Rey aún con su corona y su cetro dio la espalda pidiéndole a su dios que cumpliera cada una de sus palabras y creyendo haber sembrado en su antiguo pueblo la semilla de la tristeza y desolación en sus corazones.
Una vieja que estaba escuchando atrás de la puerta le dice a su asustada nieta: “No te preocupes, ya no es nadie para maldecirnos, ya no es ni rey y nunca ha sido ni brujo, vas a ver que nada de lo que ha dicho pasará”
En unos cuantos años la profecia se cumplió palabra por palabra, pero sin el gozo del anterior monarca el cual, murió de hambre perdido en el bosque que se encontraba fuera del territorio de su viejo reino.

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