Solo en el cine


Esta es la cuarta vez que vengo solo al cine este año,

no es un verso poético,

es la simple verdad.

Han de pensar,

¿Qué clase de persona tienes que ser para no encontrar alguien que vaya al cine contigo?

¿Por qué no lo ves en Netflix?

No lo se,

cada día estoy más solo

y el cine y la literatura son mis escapatorias a la realidad.

Y hoy no es poesía,

es mi triste verdad.

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Humo (v.inf)


Humo en las paredes hace llorar mis ojos

¿Por qué insistes en quemar esta ciudad?

Si lo que quieres es borrar mi recuerdo,

quema las cartas,

quema mis fotografias,

quema tus ideas,

pero no quemes el cerro,

no quemes el bosque,

no quemes mi ciudad.

Las llamas se ven un poco,

pero el humo se extiende por doquier,

gargantas secas,

ojos llorosos,

todo por odio,

todo por avaricia,

todo por no saber que hacer, que sentir, que pensar, como actuar.

Mi pecho arde de dolor,

el humo se acumula ahí también,

mañana lloraremos las cenizas,

serán la única huella,

cuando quieras buscar el bosque,

te pintarás de negro.

Fugacidad


Mis ojos no se abren por completo,

hay algo en su realidad que ya no les deja ver,

no son ojeras,

no es el suficiente cansancio,

es la dosis de que las cosas no han salido como las planeaste.

Ya son 30 años,

¿Quién diría que llegaría hasta aquí?

Viviendo de engaños

y muriendo en cada desengaño,

solo falsedades al abrir cada puerta,

solo relojería suiza hecha en China.

Me pedí olvidarlo

¿Pero si me quedan 30 años más de vida,

cómo hacerle para seguir si olvido y no aprendo?

No sé en que momento se me fue este tiempo

y aunque a la vez el dolor parece eterno,

la fugacidad de todo,

incluso de los sentimientos,

son la clave de mi vida.

Tal vez mañana baje un poco el ritmo y el tiempo no me tenga contra la pared.

Comenzar a vivir


Jamás recuperaremos ni los segundos y aunque los consideremos insignificantes, al final imploraremos por un segundo más.

La vida nos pasa y nosotros la desperdiciamos con 5 minutos más pegados al celular, con 5 minutos más de peleas innecesarias, con 5 minutos más de vídeos de YouTube.

Y así es el tren de la vida, en un momento te tocará verte al espejo y preguntar “¿Cómo llegué hasta aquí? ¿En qué momento paso todo esto?” Y aunque sabemos que tenemos la respuesta y sabemos que pudimos cambiar de camino, la verdad es que no lo hicimos y que ya no es momento de volver atrás, porque nada nos devolverá ese tiempo, ni una oración, ni el Dios más poderoso, ni el deseo más encarnado, ni la magia más blanca, ni si quiera la más negra.

Y seguimos dando vuelta a las páginas y nos falta tiempo para detenernos a pensar, aún sabiendo todo el que hemos desperdiciado, seguimos haciéndolo, la negligencia ya nos corre por las venas y no nos detenemos a decir “ahora sí, en este instante y momento, voy a comenzar a vivir”.

Por piedad, hazme este favor, y hazlo para ti mismo, sal a la calle y respira y prométete con todo tu corazón que de hoy en adelante no desperdiciarás el tiempo y comenzarás a vivir. Hoy.

La princesa subnormal


El insomnio no es el mayor dilema de la princesa que durmió cien años, su mayor disyuntiva es que no ha encontrado su lugar en este tiempo y este espacio.

Los castillos han resultado lugares caros para vivir, su linaje real decayó durante su largo reposo y se han tenido que mudar a un apartamento en una pequeña ciudad que está repleta de ruidos, robos y rarezas.

No se adapta a los autos y le cuesta sobremanera engancharse a una plática, ya sea sobre moda, música o Marte, que para el caso ya le da lo mismo, porque no entiende porque ha dejado de comprender al mundo y el mundo no logra entenderle a ella.

Los celulares le provocan un miedo insospechable, sus vibraciones, sus conversaciones encerradas en esa pequeña caja mágica, en sus tiempos esa clase de brujería era penada con la hoguera y en estos días incomprensibles hasta la costumbre de quemar a las personas ha perdido su lugar en la sociedad.

Por las noches sin sueño seguirá quebrándose la cabeza al intentar usar una computadora, algún día dejará de temerle a la estufa y a la regadera, aunque no dejará de extrañar a sus lacayos y a la corte real, lo que es verdad es que no volverá a ver al dragón de la torre en que le encerraron a dormir y por extraño que parezca ese detalle probablemente la haría acercarse más a lo que para ella era normal.

“Hoy lo normal está sobrevalorado” dice la princesa. Y estamos de acuerdo.

P.S.

Estimados lectores, pocas veces he tenido suerte en que algo de lo que escribo se refleje en un ámbito externo a este blog, pero quiero compartirles que este cuento ganó uno de los 5 premios del concurso “Cuenta con Nacho” un homenaje a Ignacio Padilla por parte de la FIL para conmemorar el Día Internacional del Libro. Y debo decir que si me da alguito de orgullo jeje. Fin del comunicado.