De esos días en que valdría más no salir de la cama


Hay días en que el destino se empeña en recordarte de que estás solo, de que naciste solo, de que la compañía que has tenido a lo largo de los años ha sido comprometida y forzada y que las personas de las que decides rodearte por gusto siempre tienen caminos más importantes que el tuyo.

Te encuentras con la inmensidad de la soledad acariciándote la espalda, reprochándote porque creíste, ¿por qué creíste?

En parte te estás ahogando en un vaso de agua, en parte estás cansado de tantos años de lo mismo, de esforzarte día a día, de cambiar de hábitos, de hacer cosas que sabes que nunca harías si no es por esa persona que te importa demasiado, para al final terminar igual, con lágrimas en los ojos, con coraje en el corazón, con la sangre a punto de estallar en la cabeza, contigo, solamente contigo y con nadie más, con una vida llena de nada, vacía.

¿Qué hacer cuando de repente te ataca esa certeza? Cuando sabes que después de varios años no tienes nada, no has logrado nada, no tienes a nadie, nadie espera por ti, nadie te recuerda, a nadie le haces falta, cuando eres tan prescindible que a veces tienes la certeza de que ni tú mismo te extrañarías.

¿Qué hacer contigo? ¿Qué hacer con este castigo que alguien ha decidido llamar vida? ¿Qué hacer con los años que te restan? Sin tan solo alguien me pudiera decir cuántos son los años que me restan, para saber si está caída libre va a seguir muchos años más.

Y todavía hay algo peor, porque las cosas siempre encuentran la manera de ponerse peor. Te quedas pegado al celular esperando la llamada, esperando el mensaje que va a reparar todo, que sabes perfectamente que no va a llegar y que esa esperanza te va matando de a poco y que cuando mueras de verdad, biológicamente no sabes que parte queda viva dentro de ti para morir.

Ahora volteo al techo y a las paredes, les pido una respuesta que no tienen, le pides al cielo, a ese Dios al que le pides todas las noches, que cambie tu destino, que cambie las cosas y que por una vez te dé la oportunidad de que te salga bien, de que esta vez si te toque ser feliz y también me doy cuenta de que esto no va a suceder.

A veces espero que las cosas se acaben ya, que no me queda ninguna motivación para seguir desperdiciando la vida y tirándola a la basura y uno está acá, vivo, como castigo insoportable, como si tu le pudieras dar algo a esta vida o como si la vida en verdad se molestara en intentar si quiera darte algo a ti, por esta vez, por esta ocasión, por una vez.

Creo que debería haber una ley en la que te toquen también las horas buenas, pero a mí, a mí sólo me han tocado las horas bajas, el que repartió las cartas esta vez lo hizo mal y no sé si aguantarme o hacer algo, pero estoy seguro de que si hago algo va a salir mal, como me sale todo mal en la vida.

Mejor dejo de pensar, de reflexionar, de creer, de imaginar, de desear, de esperar, de todas esas cosas que siempre terminan poniéndose en mi contra, mejor me voy, a algún rincón dentro de mí, dónde esté mi yo solitario, ese que me conoce y me comprende, ese al que le ha tocado la misma suerte que yo y que al igual a mi ya está cansado, igual entre los dos nos damos algo de consuelo.

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Autor: hectorimbo

Buena pregunta

1 comentario en “De esos días en que valdría más no salir de la cama”

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