Una oportunidad


En ocasiones quisiera decir, ya no.

Ya no voy a buscar.

Ya no voy a necesitar de alguien más.

Yo puedo, conmigo mismo, no necesito más.

Y luego se que no es cierto,

que ya me cansé de no encontrar lugar donde recostar mi hombro,

que no haya quién me reconforte por las noches,

que no me abracen hasta perder la razón.

Y luego llegan las culpas,

es porque soy feo, porque soy idiota, porque estoy mal,

porque no sé nada, porque no valgo la pena.

Y vaya, quiero creer que no es verdad,

pero ¿por qué sigo solo?

Si, soy raro.

Pero no, no soy tan malo.

Nada más no me han dado la oportunidad.

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Pero Tú no…


Un millón de caras hermosas,

un millón de sonrisas,

un millón de talentos,

un millón de chicos lindos que son graciosos también,

todos pidiendo atención,

todos necesitándola,

así es la vida ahora,

buscando validación todo el tiempo,

pero !Ay de mi que se me ocurra dárselas!

Porque no es la mía la que buscan,

porque no soy tan inteligente,

no soy tan gracioso,

no soy tan lindo,

no soy tan talentoso,

la respuesta siempre es la misma:

Sí, pero de ti no,

NO, TÚ NO.

Pero tú no…

¡Qué mal! ¿Verdad?


El pasado no se borra,

ni con el mejor jabón, ni con cloro, ni con sosa caustica,

las cosas siguen ahí, colgadas, como fotos,

como sombras de las cosas que fueron y ya nos toca discernir,

entre las que aún son,

las que aún pueden ser

y las que nunca fueron, ni serán.

Pero a veces si olvido,

olvido por descuido, no por propósito,

le echo un poco de corrector a aquel recuerdo,

tiro un poco de solvente en aquel otro

y como magia, se van.

Pero en algunas cosas no puedo

y vuelvo a ver las cosas viejas que escribí y nunca borré

y otra vez a llorar por un error viejo,

por una tontería,

por un error tonto,

¿quién me manda?

¿El culpable?

Yo señor juez,

mándeme al calabozo por abrir viejas heridas,

mándeme al infierno por tonto,

por ser un triste historiador de tragedias

y bueno, ni historiador siquiera,

porque de la historia se aprende,

supuestamente de los errores se aprende

y yo no he aprendido nada.

¡Qué mal! ¿Verdad?