¡Qué mal! ¿Verdad?


El pasado no se borra,

ni con el mejor jabón, ni con cloro, ni con sosa caustica,

las cosas siguen ahí, colgadas, como fotos,

como sombras de las cosas que fueron y ya nos toca discernir,

entre las que aún son,

las que aún pueden ser

y las que nunca fueron, ni serán.

Pero a veces si olvido,

olvido por descuido, no por propósito,

le echo un poco de corrector a aquel recuerdo,

tiro un poco de solvente en aquel otro

y como magia, se van.

Pero en algunas cosas no puedo

y vuelvo a ver las cosas viejas que escribí y nunca borré

y otra vez a llorar por un error viejo,

por una tontería,

por un error tonto,

¿quién me manda?

¿El culpable?

Yo señor juez,

mándeme al calabozo por abrir viejas heridas,

mándeme al infierno por tonto,

por ser un triste historiador de tragedias

y bueno, ni historiador siquiera,

porque de la historia se aprende,

supuestamente de los errores se aprende

y yo no he aprendido nada.

¡Qué mal! ¿Verdad?

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