12 Agosto 2018


Hace once años tuve una relación tormentosa, dolorosa, socavó mi confianza y nubló mi corazón, por un tiempo no quise saber del amor otra vez, incluso a día de hoy hay un eco de ese estilo rondando mis memorias.

Yo fui cambiando, descubriendo cosas de mi que en ese momento no sabía que llevaba dentro, descubrí mi sexualidad, descubrí que también yo soy un complicado y que le tengo pavor al rechazo y por lo mismo no he tenido suerte con las relaciones, he descubierto con 31 años que soy un estúpido y que no lo puedo cambiar.

Pero aquella relación siempre se mantuvo como una sombra, como algo que no pude borrar, la chica en cuestión nunca supo deshacerse de mi por completo y yo he cargado con ese peso de una manera terrible, al cabo que después de tanto tiempo, yo no debería deber nada de aquello, ni una explicación, para mi era terreno pisado que no iba volver a transitar.

Anoche no dormí, la chica en cuestión decidió revisar mi perfil en mi red social más activa y más preciada y descubrió cosas que le han roto por milésima vez el corazón ¿Y yo qué debo de hacer? ¿Por qué me siento culpable? Yo no le pedí que rebuscara respuestas a preguntas no hechas en una red social en la cual siempre evité tener contacto con ella, pero si, lo escribí para que estuviera a la mano de cualquiera, incluso al alcance de ella.

¿Es mi culpa? ¿Soy un imbécil social? Creo que no le debo explicaciones de lo que he hecho con mi vida y de los caminos que he tomado, creo que que el quedarse con una frase fuera de contexto tan limitada y de la cual no estoy con la intensión de explicar también está mal, estoy lleno de ansiedad y en un momento muy bajo por el dolor y la soledad, no necesitaba esto, de verdad que no lo necesitaba.

Una cosa más para quitarme el aire, una cosa más para quitarme la tranquilidad ¡cómo si necesitara más!

A veces es muy difícil continuar y aún así, uno sigue.

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Otra vez


Nunca entiendo, nunca voy a entender.

Siempre regreso acá, hecho pedazos, hecho un mar de lágrimas, sin respuestas, con dolor, con tristeza.

¿Por qué siempre fantaseo con imposibles? ¿Por qué la esperanza que me debe dar vida es la que a la vez me mata?

Una vez más el cariño no correspondido, esta vez no fue amor, ni tiempo me dio para amar.

Otra vez no me puedo dormir ni despertar, no me quiero levantar, no hay motivos.

Me canso de caer y caer y caer y tener que levantarme, esta vez me costará aún más, mi orgullo está herido, me siento tonto, feo, sucio, cansado, tan pero tan cansado.

Otra vez todo, otra vez la desesperación, otra vez soy un mendigo, no se vale vivir la vida mendigando amor, al menos no creo que lo merezca, no soy tan malo para merecer esto.

Estoy tan apenado por el ser en que me he convertido, en el que se ilusiona en un segundo y la ilusión se le quebra como una pecera a los pies. No es justo. Simplemente no es justo.

Con mucha más tristeza y dolor lloraré esta noche hasta que duerma, con el corazón cansado y las canciones tristes. Mañana estará nublado. Mañana será otro día

P.


¿Qué hacer cuando dos mundos convergen en tu mente? ¿Dos realidades? Tu realidad, mi realidad más bien y la realidad de allá afuera, la de este mundo que me llena de rabia y de terror.

¿Por qué sigo sin entender? ¿Por qué no conozco ni ordeno mis prioridades? ¿Por qué tantas estupideces me siguen importando tanto?

Hoy encuentran a un chico muerto, una vida más que se extinguió sin oportunidad alguna, los medios haciendo lo suyo, las autoridades no haciendo nada. Se me parte el corazón con testimonios ¿y no hay un por qué? Nunca habrá un porqué.

Pasó con P., ustedes no lo conocen, no salió en las noticias. Era un chico bueno, precioso, lleno de vida. Un día un cobarde lo asesinó, nunca hubo una respuesta, las autoridades no encontraron razones, no encontraron quién lo hizo. P. fue uno de los pocos que me pidieran que le escribiera algo y lo hice acá en este blog viejito e inútil y también le escribí una despedida que nunca leyó, al menos no en esta vida. Van a ser 4 años, 4 años sin respuestas, con dolor.

Y ahora todo me lo recuerda, ahora que estoy en una encrucijada de mi vida y a lo mejor P. me pudiera haber ayudado un poco y no está aquí para hacerlo. Egoísta soy porque se lo arrebataron a tantas personas y lo recuerdo porque hoy me hace falta a mí.

La fragilidad de una vida, la poca importancia de una autoridad, la cobardía de un acto de asesinato.

No entiendo, no puedo entender, me lleno de lágrimas e impotencia. Como me gustaría que no hubiera pasado y me lleno de tristeza al entender que probablemente mañana me puede tocar a mí, a tí, a otro César, a otro P., a mi hermana, a alguien que tu amas profundamente y que una vez no pasará nada, una estadística, un montón de conclusiones idiotas, unos medios irresponsables, un dolor profundo.

En serio no dejen de despedirse con amor de todos estos días, podría ser la última vez.

Los funerales de la Abuela


I.

Es difícil el momento en que no tienes elección de vestirte de negro, esta mañana cuando elegía las prendas sin color y me las iba poniendo me temblaron las manos. No me había pasado antes. Ya había pasado por esta clase de episodios en mi vida, pero ahora a mis treinta años, probablemente sea la ocasión que lo he hecho con más conciencia, con más peso en el corazón.

II.

Preparar todo es muy difícil, poner de acuerdo a tantas personas al mismo tiempo y sobre un mismo asunto es una tarea titánica, todos piensan, todos sienten, todos creen algo diferente y a diferentes ritmos. Muchos deciden que es lo mejor para todos, lo mejor para la gente, otros recurren a la idea de que fue lo que mi madre hubiera querido, que es lo que ella nos dijo que quería que se hiciera. Hay quién no dice nada, hay quién no para de hablar, hay quién hace todo, hay quién no tiene fuerzas para hacer.

III.

Los funerales de pueblo tienen algo interesante, mueven a las personas de donde estén para venir a presentar sus respetos; dejan de la lado labores, preocupaciones, intereses para venir a rezar, para platicar con viejos conocidos que solamente ven en los velorios y para decir adiós a alguien que ya no les va a oír. Esto es bello de verdad, pero a la vez tiene un poco de estrés para los deudos, que ni bien pueden parar para llorar su pena porque tienen que atender a los que vienen de tan lejos, ofrecerles su casa, invitarles a comer, cenar, ayudarles a conseguir una medicina o procurarles que fulanito vendrá a saludarles, así como prometer visitas futuras que nunca se darán.

IV.

En un momento la sala está abarrotada, no hay lugar para caminar, ni para respirar, sales a la calle y el montón de fumadores haciendo sus hábitos y charlas. La surrealidad de ver un lugar lleno, de los que están cerca del cajón sin parar de rezar o de llorar, los que están más lejos con risas y abrazos, parece que la cercanía al lugar del difunto fuera la que determina el estado de ánimo de los presentes. Y a la vez de rincón en rincón entre tanta gente hay personas solas, cabeceando, leyendo, pensando, sufriendo, todos en este lugar, todos en la misma situación, todos juntos, pero muchos solos.

V.

También hay que resaltar que es difícil poder atender a un muerto, hasta esta parte de la vida se llena de trámites en los que los deudos deben correr a realizar, que si falta el papel A, que el B hay que ir a tramitarlo a tal oficina con el Lic. Urrutia, que no encontramos el papel C, el documento D tardará dos horas en llegar; que hay que correr a apartar la misa, que hay que ir a avisar en el panteón, que el doctor que declaró también tiene que firmar el acta. Bastante engorroso es morirse al parecer, las cosas deberían ser un poco más fáciles para entonces.

VI.

Siguen los momentos un poco más angustiantes, los que van más cercanos a la separación del cuerpo del difunto, no de la persona que ya nos dejó atrás hace un par de días, sino a la representación física de ese ser al que le guardamos cariño. Caminar hasta el templo, porque en este pueblo todo se hace caminando, llegar a  misa y si eres familiar entrar caminando con el ataúd para descubrir que no hay lugar para reposar las penas; hacer guardias por tiempos en las cuatro esquinas, sollozar, recordar, llorar. Y luego ver quien dice las palabras de despedida y agradecimiento, un momento tan difícil y doloroso en el que el valiente o al que no le quedo otra cosa más que hacerlo habla a veces torpe, a veces lindo, pero siempre con todo el corazón y con un nudo en la garganta, a veces aguantado las ganas de llorar y a veces sin poder evitarlo.

VII.

El camino al cementerio pesado bajo el sol, quién es optimista dice que al menos no está lloviendo y aunque en este pueblo la fisionomía de sus calles hacen que sea todo de bajada, de todos modos parece que se tiene que subir la cuesta más alta. Se entran por las puertas en las que ya no saldrá el difunto, se dispone a orar una vez más aunque se haya rezado sin parar casi por dos días. Hay quién no se puede contener y hay quién pone música porque es lo que la abuela, lo que la madre quería, que no lloraran, que escucharan sus canciones, difícil no llorar cuando la abuela escuchaba muchas canciones tristes. Se baja el cajón y se bajan ladrillos y mezcla, al final también hay que construir. Se dejan flores que muchos prometen regresar a regar y que muy pocos tendrán voluntad de regresar a hacerlo, se dan los pasos más pesados al salir del camposanto, el ciclo está terminado, ahora la abuela vive en el solamente en nuestras memorias.

VIII. 

Los familiares se reúnen una vez más en casa de la abuela, se ponen a cenar porque la mayoría no tuvo tiempo de comer en todo el día, a recordar, a contar todas esas historias que siempre empiezan con un “¿Te acuerdas?”, otros todavía se tratan de explicar el porque, otros más no dejan de llorar y los más pragmáticos que no quieren parar de hacer cosas para no caerse, se ponen a planear el novenario, ese que a ella le hubiera gustado. Hay quién se anima a brindar, hay quien no deja de ver las fotos y luego uno a uno empiezan a despedirse, a dejar sola la casa, a no mirar atrás hasta que la casa de la abuela deja de serlo, porque la abuela era la casa y no al revés y así quedará como una finca que sigue en pie, pero que ya no tiene ese corazón que la hacía latir que se llama abuela y que es como todos la vamos a recordar.

P.D. Discúlpenme haber puesto en palabras una situación como esta, pero al vivirla es tan surreal que a veces tenemos que contárnoslo a nosotros mismos para entenderlo, para saber que pasó, no se si todo fue verídico o si le agregué cosas, pero también es la manera de procesarlo y de ir avanzando en estas situaciones y de no olvidarlo todo.

P.D.2.  La foto no es mía, la tomé de Internet. 

No me hablará


Esta noche vuelvo a estar un poco roto otra vez. No sé por qué. Miento. Si lo sé.

Me la paso mintiéndome a mi mismo, como si eso arreglara algo. Las canciones tristes y bellas van y vuelven, la noche me traga en su boca de lobo. El insomnio y la soledad han sido mis únicos compañeros de fórmula que la memoria me recuerda en la piel, el vacío llegó un poco después y esta cabeza entumida que siento y este corazón tan roto y tan torpe me agarraron desprevenidos, como ladrones a media madrugada.

Aún espero que me hable, que por una vez no tenga que ser yo el primero. Y aunque me la pase mandando señales, no soy tonto, eso es lo peor de todo, a veces creo que preferiría ser un idiota ilusionado, lo peor es que lo sé, sé que va a suceder, sé que no me va a hablar nunca y que me quedaré esperando con el corazón en la mano y el aire jugando con mis cabellos.

Lo inmaterial me atrapa a media noche y las nauseas lo ahogan todo. Corro al baño y no puedo vomitar y el sabor del cigarro recorre toda la garganta, a los pulmones les falta aire, a mi mente también.

Y lo peor es que me matan estas ganas de gritar y no puedo, lo único que me falta es que todo mundo crea que además de estúpido estoy loco también, que se que lo estoy, pero para que agregarle problemas a esta soledad, a este año tan lleno de malas noticias, tan lleno de estrés y de dolores de espalda y del corazón. Todo duele y ni toda la medicina del mundo lo podrá curar, no hay gotas para curar el alma, no hay jarabe para curar la tristeza, no hay pastillas para curar la soledad.

Y ya no sé si escribo para mi o para quien y ya no se si con esto podré domar los fantasmas de la soledad, ya no se con que objeto seguir, ya no sé si esto es terapéutico o torturador, se que no puedo dejar de llorar y no recuerdo la última vez que lloré así, al paso al que voy no habrá más lágrimas para llorar y a parte de estar solo y vacío estaré seco también.

¿Y si dibujo, podré acallar los demonios?

¿Y si canto podré domar la naturaleza?

¿Y con qué le doy vuelta a la tristeza?

Si pudiera volaría toda la noche, sin salir de estas cuatro paredes, sin salir de este cuerpo tan roto, tan cansado, con los escalofríos que recorren la espina dorsal y con esta tonelada de palabras que no dicen nada, que no tienen orden, lógica, verdad, nada, no dicen nada, ya no son la fórmula para alejar las voces.

Espero y pronto llegue la madrugada, aunque faltan muchas horas y que en algún momento el cansancio me alcance por sorpresa y me de un rotundo golpe en la cabeza, lo que sea es bueno, lo demás está de más. Solo quisiera dormir y no necesitar despertar, ya me he despertado solo muchas veces y aún así, sé que no me hablará.

Y mis ojos se vuelven a anegar de lágrimas y ya no se que hacer conmigo, me siento ridículo. Me siento mal ¿Doctor, a caso usted me podrá curar?

-No te puedo dar pastillas que aseguren que te hablará, te puedo borrar su recuerdo de tu memoria como en aquella película.

Y a veces no se que prefiero, si la soledad o el olvido, si el dolor mortal o no sentir nada, ya son 30 años y no puedo decidir nada. Solo se que no me hablará, puedo intentarlo mil veces, pero no me hablará, le puedo dar 500 señales, pero no me hablará, no se que esté escrito en el destino o en el cielo, pero sé que no me hablará. Pase lo que pase, no me hablará y el corazón se sienta a llorar y yo no lo podré consolar, me rendiré al insomnio y mañana será otro día, uno más.

**La imagen no es mía, la saqué de internet. 

Vicisitudes de la Soledad


No sé como explicarlo. Hay cosas que no tienen explicación. La única explicación que tengo es que soy un tonto, que no tengo amor propio, que…

Le sigo hablando a personas que me contestan cuando quieren, porque necesito que me hablen, me he cansado de hablar conmigo mismo, ya dejé de ser un buen interlocutor, me enfado de mí y de mi diatriba diaria, necesito hablar con alguien más.

Pero siempre son el mismo tipo de personas, una cara bonita, unos años menos que yo, gente a la que nunca le intereso y al seguir sumando derrotas, me resigno a que nunca les voy a interesar, pero no ceso, la soledad me está matando, la soledad me está convirtiendo en un zombie y ya no tengo fuerza para seguir solo por mi cuenta.

Hace un tiempo me decía que no necesitaría de nadie a mi lado, que yo mismo podía seguir y seguir, ahora no estoy seguro, las calles son más largas, los dolores menos pasajeros, la oscuridad me da miedo, todo el tiempo estoy lleno de esos miedos y no se los puedo compartir a nadie y no los puedo paliar a solas, ya no.

Por eso vuelvo a cometer el mismo error, vuelvo con el mismo perfil de gente, les vuelvo a hablar una y otra vez, sabiendo que la respuesta no es segura y sabiendo que les volveré a hablar hasta que llegue ese cansancio y hastío que siempre me da, pero no para dejar estas prácticas tontas, sino para empezar a hacer lo mismo con alguien más.

Algún día aprenderé a hacerlo de otra manera, algún día puede llegar a ser recíproco, pero también es probable, que en esta vida no será, puede que en otra, puede que en otras, puede que el único derrotero posible para estas piernas cansadas, sea seguir ese camino, esas callejuelas del destino, agarrado de la mano de la soledad.

Ese no es mi lugar


No se de dónde saque esta puta terquedad, que es lo que me hace tan necio. El mundo me ha dicho mil quinientas veces “ese camino es el equivocado”, “alto ahí”, “te vas a caer y te vas a romper la madre” y yo me dedico a ignorarlo.

Me la paso tirando dardos a las estrellas y obviamente no atrapan nada, muchas de las veces rebotan directamente contra mi cabeza y termino hundido y desesperado ¿Quién me lo manda? ¿Por qué sigo buscando imposibles?

El año que inicia ya me trajo sus tormentas, ya anuncio desavenencias, ya me partió el corazón y todo por jalar tanto la cuerda que se volvió a romper por en medio y volví a a caer no sólo sobre mi espalda, sino sobre mi dignidad y torpeza.

La vida llena de secretos es una vida asfixiante, a veces uno quiere gritarle a los cuatro vientos lo que realmente hay en el interior, pero cuando me dispongo a buscar un punto de apoyo, una salida de emergencia, siempre me equivoco y elijo la puerta que lleva al callejón sin salida y a lo mejor a mis 30 años ya va siendo tiempo que me rinda y saber que esa es la única salida que me queda, entre la espada y la nada, entre la sombra y la suciedad, en la más maldita soledad que me quema las entrañas, pero que es la única señal de calidez que me llegará por los días que me restan y a lo mejor no es tan malo.

Aún así, a fuerza de caer mil veces y con el peligro de caer mil veces más, como cuando lo intenté con la bicicleta, creo que me iré a caer otras veinte mil veces más, que aunque tenga las rodillas destruidas y la espalda ya no me responda como antes, creo que prefiero seguir caminando un poco más, creo que prefiero acercarme a los precipicios, creo que elegiré andar en cuerdas flojas en lugar de seguir tirado de panza contra el suelo. Si algo sé, es que ese no es mi lugar.