Lo que me trae aquí


Hoy me levanté por la mañana un poco tarde,

esta alegre de que al fin fuera viernes,

el cubetazo llegó cuando vi que era martes.

Lo despistado lo heredé de mi madre,

lo loco de la luna

y lo enojón de mi padre.

Hablo hasta por los codos

y con una copa de tinto sé bailar un poco.

No me canso de enamorarme y de que no me quieran,

el día que me deje de enamorar me daré un balazo,

el día que quieran no sé lo que haré.

Sigue la noche con sus sonidos hablándome en susurros,

probablemente le deba de seguir,

pero mientras tanto seguiré mis desvelos que es lo que me trae aquí.

También entre sueños, tú siempre me traes aquí.

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Frío


Cuando hace frío recuerdas los abrazos que has dejado ir,

recuerdas el sol que despreciaste en primavera,

recuerda el ventilador que no hace mucho rasgaba las cortinas.

El frío crece con la soledad,

crece con la tristeza,

multiplica el dolor y

quema en las noches en las que extrañamos incluso las compañías menos cómodas.

Al frío no lo extrañamos ni en los veranos,

más bien detestamos el calor,

pero no buscamos frío,

si acaso frescura.

El frío no lo pedimos,

nos llega,

como muchas veces nos llega el dolor cuando buscamos la alegría.

Pedazos


¿Quién prendió la calefacción?

Ahora me siento tan cerca del infierno que lo último que necesito es calor adicional.

Me duele el estómago,

me siento flojo, lejos, distante

y este avión tan ávido de aventura,

tan cercano a la turbulencia

y tan alejado de la puntualidad.

El vuelo pierde la cabeza y la estabilidad,

se dirige de cabeza y sin frenos a una tormenta

y los rayos no dejan de alumbrar el horizonte.

Si tan solo entendieras que debes de parar,

que la autodestrucción y el alcohol no son la solución,

que tu depresión no se marchará en soledad,

que ya no te creo los pretextos,

ni los robos,

ni las quejas,

ni las niñerías.

No necesito tus llamas satanás,

si no vas a hacerme caso por lo menos no me obligues a verte caer,

porque tengo corazón

y las lágrimas que pueda derramar son evitables,

así como tu desplome,

pero la advertencia está ahí,

no te obligo a escucharme,

pero por poco cariño que me puedas llegar a tener,

déjame dar un paso al costado,

que no quiero recoger tus pedazos cuando te estrelles en el suelo.

Divagaciones nocturnas


Caminar puede agotar tus piernas,

trabar las rodillas,

romper tu resistencia.

¿Pero puedes caminar lejos de la decepción?

¿Puedes alejarte de la soledad y del dolor?

No lo creo, 

los kilometros y los músculos no saben de amor,

no saben de pérdida,

no saben de tristezas.

Ni cascadas,

ni lagos, ni lagunas,

ni rituales, ni bebidas espirituosas,

ni andadores, calles o kioskos,

si tu mente no se decide a olvidar,

ni un milagro te puede salvar,

si el corazón no deja de amar,

ni una limpia te permitirá descansar.

No son las distancias, 

no son las horas,

es la sangre

y si está adentro lo que sangra,

cerca o lejos,

siempre dolerá

¡Y cómo duele ahora!

Padre insomnio


No duermas hijo mío,

la noche es negra como boca de lobo.

No duermas niño,

las pesadillas son orden del día

o de la noche.

No duermas mi niño,

el Sol no vendrá a protegerte.

No duermas hijito,

aún hay monstruos en el armario y debajo de la cama.

No duermas mi hijo,

las preocupaciones aún no se van.

No duermas niñito, 

te lo pido yo, 

tu padre el insomnio,

abrazame y volvamos a la fiesta de la luna nueva,

mañana las fiestas paganas no abrirán sus puertas.

Cambiando con el tiempo


El cansancio me hace perder las palabras,

me hace perder las certezas,

pido permiso para dar un paso o dos,

porque cambia el clima,

cambian las ideas,

cambian los sentimientos.

Antes te odiaba,

después no entendía lo que sentía por ti,

ahora no siento nada,

aunque te empecines en molestarme

y en seguir usando tu sarcasmo y tus armas contra mí,

ya no siento nada,

pasaron muchos años,

pasó mucha vida por mis dedos,

perdí mucho el tiempo

y creo que tu lo hiciste también.

Daré dos pasos al costado

¿No deberías tu hacer lo mismo?

¿Vale la pena?


Pasan la 1 de la madrugada y te torturas viendo sus fotos,

te torturan los sueños y las pesadillas

y el mundo sigue girando y no le importan tus lágrimas.

Ya no te recuerda,

ya no te espera,

ya se recuperó

y tu sigues de rodillas detrás de su recuerdo.

¿Vale la pena?

¿De verdad vale la pena?

Que la balanza te diga

y sigue adelante,

que el mundo no se va a quedar a esperar a que te pongas de pie

o caminas o te va a arrastrar.