Mentiras


¿Para qué las usamos?

¿De qué nos sirven?

Tal vez son una escapatoria momentánea y fugaz a los problemas, una invención magnífica que muchas veces es mejor que la realidad. Una escapatoria de este mundo triste y gris, donde las cosas son más bellas, duran más tiempo, son más especiales.

Si las parejas usan las mentiras, se destruyen cosas más haya de la verdad, cosas como la confianza y la honestidad. Si los políticos no las usan nadie votaría por ellos (imaginense si nos dijeran que debemos votar por ellos porque desean robar nuestro dinero). Si los escritores no las usaran sus personajes serían parcos como las personas que vemos a diario en la calle.

Creo que es más díficil mantener las mentiras que las verdades y que son como una bomba de tiempo, si mientes una vez muchas veces debes enredar más y más mentiras para que todo parezca real y por más que crean tus mentiras, en algún momento el equilibrio caerá y todo se desvanecerá como un mal sueño.

Aunque a veces el mundo es tan común, tan doloroso, tan absurdo, que las mentiras llegan a él como alicientes, como cura a la cotidianedad; estas mentiras llegan a arrasar con los males de los que se quejan las personas a diario, llegan tan duras y atronadoras que son más interesantes e importantes que las verdades comunes.

La mentira muchas veces son bonitas creaciones o espasmos dolorosos, sólo debemos ver como usarlas, si como armas o amigas, como flores o lanzas, como un engaño o un disimulo, como vanas mentiras o como una forma diferente de interpretar la vida.

Bien lo decía Gregory House (el personaje que hace Hugh Laurie, en la serie Dr. House M.D. interpretando a un doctor, adicto a los calmante y extremadamente sincero y sarcástico): “Everybody Lies, the only thing that we have to do is find why?” “Todo el mundo miente, lo único que tenemos que hacer es averiguar, ¿por qué?

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Nubes


Fernandito, era un chiquito de 8 años, el pobrecito no tenía amigos, sus padres no lo querían igual que a sus hermanos, ya que tenía ese pequeño detalle, esa deficiencia que era muy notable, como no notar que al pobre chico le faltaba una pierna.

Su mejor amiga, era su silla de ruedas, que en sus momentos más intimos se convertía en un carro de carreras y ganaban todos los premios de la Fórmula 1. Pero eso no era suficiente, tenía que aguantar las burlas de los niños normales (él no sabía por que sus papás los llamaban así, si tenían una sonrisa igual a la de él, por lo que no sabía tampoco que lo hacía a el anormal); aguantar las quejas de sus hermanos cuando tenían que turnarse para cuidarlo o jugar de él; los dolores de cabeza que le causaba a su familia cuando salían a algún lado, eso de cargar su silla de ruedas a cualquier lugar, parecía que sólo era una buena idea para él.

Por eso un buen día, se alejó de su hermana mayor que lo cuidaba, para buscar donde ocultarse, a donde huir cuando la gente no lo soportaba más. Fue entonces cuando en su patio trasero, que pocas veces visitaba, encontró una pequeña puertita, lo mejor fue lo que encontró en ella, era una puerta al cielo, si como lo oyen al cielo.

Entró en la puerta y de inmediato estaba de pie, con dos piernas en una hermosa nube, él por supuesto no daba crédito a lo que sus ojos veían, estar con sus dos piernas arriba de una nube. Él empezó a correr frenético, a brincar de nube en nube, la sensación era inigualable.

Regresó con toda la tristeza del mundo a la tierra, cuando oyó los gritos desesperados de su hermana buscándolo, aun más triste se puso con la regañada que ella y su mamá le pusieron y cuando descubrió que en a tierra debía usar su silla de nuevo. Pero por dentro era feliz, había encontrado un lugar a donde escapar, donde era alegre y afortunado, por supuesto lo guardaría en secreto.

Muchas veces Fernandito fue a la hermosa puerta, entró y empezó a juguetear en las nubes, que se transformaban en mil cosas, en todo lo que él se imaginara y necesitara, en un barco para sus aventuras, en dinosaurios feroces que lo perseguían, en gigantes que juagaban con él, en naves espaciales que lo llevaban a galaxias que el nunca había imaginado que existían.

Otras veces el mismo Sol, se ponía a jugar con él, jugaban a las escondidas, en las que él siempre ganaba ya que el Sol, sólo se podía esconder detrás de las nubes muy grandes y era blanco fácil. En otras ocaciones, se divertía pidiéndole al Sol que lanzara rayos a las gotas que sus amigas nubes lanzaban a la tierra y formaba extraordinarios arcoiris.

Hablando de lluvias, a Fernandito le encantaba la lluvia, porque sus amigas le decían, cual útil era (palabra que rara vez oía en la tierra) porque era para ellas más fácil llover si él saltaba sobre ellas, y él encantado brincaba y brincaba y otras veces abrazaba a las nubes para exprimirlas y ver las gotas caer.

Un día en la tierra, cuando el ya tenía 10 años, su papá llegó muy borracho a la casa y lo castigó brutalmente, lo golpeó mucho, lo culpó de todo lo malo que estaba pasando y de lo que había pasado, incluso de la muerte de su abuela cuando el sólo tenía un añito de vida. Él muy triste, le gritó a su papá con tanto valor y tanta fuerza, que su grito fue escuchado por toda su familia, que él se marcharía, que se iría para siempre. Las risas no tardaron en hacerse escuchar, ¿ha dónde iría un mocoso de 10 años con una sola pierna? Él con mucho orgullo les dijo que al cielo, con sus amigas las nubes, a lo que las respuestas más crueles desde estás loco, hasta las risas más humillantes resonaron haciendo eco en su cuarto y en su cabeza.

Al día siguiente, nadie, nunca jamás volvió a ver a Fernandito, el chico había desaparecido y su familia lo buscó, dándose golpes de pecho y latigazos, por haberlo tratado tan mal, por no haberlo escuchado, por no tomarlo en serio, por no quererlo como se lo merecía. Un buen día, encontraron su silla de ruedas dentro de un cuartito en el jardín, pero del niño, ni su rastro. Algunas pocas de las personas que lo conocieron, dicen que han visto nubes formando su cara, con una sonrisa que nunca le vieron cuando estaba entre ellos.

Crónica de una muerte anunciada…


Creo que para honrar los 20 artículos, que completo con esta entrada vamos a hablar de un hecho que realmente es irreparable en nuestras vidas, un hecho que no da lugar a segundas oportunidades, que no ve al futuro y que más da lo que haya habido en el pasado, lo que puede ser la cima o el fondo de una vida, lo que puede ser un alivio o una triste pérdida, ese hecho que muchas vemos con morbo y muchas más con miedo. Hoy escribiré de la muerte.

La muerte, es enigmática, encierra tantas preguntas y da lugar a tantas dudas y tanto miedo que muchas persona creen que es lo peor que les puede pasar, pero aun asi no dejan de sentir curiosidad por ella.

El escritor argentino Jorge Luis Borges dice: “La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene”. Por otro lado el poeta español Antonio Machado dijo en alguna ocación: “La muerte es algo que no debemos de temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos”. Por su parte, el gran actor y director estadounidense Woody Allen habló asi sobre la muerte: “No le temo a la muerte, sólo que no me gustaría estar alli mientras suceda”. Mientras en una ocación, las palabras a las que se refirió sobre la muerte, el gran activista y espiritista indú Mahatma Gandhi fueron: “La muerte no es más que un sueño y un olvido”.

De donde vinieron esas frases hay muchas más, de la mente de grandes personas que nos hacen recordar día y noche lo corta que es la vida y que la muerte está latente a cualquier edad.

La muerte lleva a las personas a hacerse preguntas existenciales tan grandes como, ¿Qué hay después de la muerte?, pregunta tan exquisita repasada por varias religiones. Unas dicen que hay un cielo, un infierno y un purgatorio; otras cuantas hablan de la resurreción; unas más de la reencarnación; no faltan las que hablan de la reencarnación pero no en persona, sino en un animal o algo así; sin embargo hay unas más que mencionan que después de la muerte no hay nada. ¿Cuál de ellas es verdad?

La muerte es algo que muchas personas no quieren enfrentar jamás, un peligro las hace tomar precauciones posterioes, hay personas que realmente luchan a muerte contra enfermedades, otras más lloran sólo con la idea de que la muerte llegará en cualquier momento y hay personas que viven pero ya están muertas, viven sin ilusiones, con un cansancio sobrenatural, que no vale la pena ni vivir ni morir, ya las cosas que pasan en el mundo que más dan.

Hay personas que dicen morir con diginidad, pero recuerdo un programa de televisión (Dr. House), en el que el protagonista le dice a una paciente: “No existe tal cosa de morir con dignidad, se vive con ella”. Creo que tiene razón, morir es tirste, es pesado, muchas personas lo hacen en un estado lastimero, o de repente, qué dignidad puede haber en ello.

¿Han pensado en morir alguna vez? Yo si, no en suicidarme, ni en tener como dice Nacho Vegas (cantautor español) en una de sus canciones “Todo el mundo fantasea con una muerte dramática”, al menos yo no lo hago. Yo quisiera morir tranquilo dormido, o de una forma instantanea sin sentir dolor, pero creo que sólo los suicidas escogen su forma de morir y yo no deseo suicidarme.

Creo que lo más doloroso de la muerte no es vivirla, porque por obvias razones no puedes vivir tu muerte; pero creo que lo peor de la muerte, es ver morir a las personas que te rodean, padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, familiares en fin, tus mejores amigos, a veces hasta nos duele la muerte de tu peor enemigo.

La muerte es esperanzadora para los que sufren, cruel para los jóvenes, merecida para los envenenados de odio, venganza, para los asesinos y malditos; y aunque para ellos puede ser merecida, no debemos desearla, no está en nuestras manos decidir sobre un hecho tan fuera de nuestra voluntad y alcance, como terminar con la vida de alguién más, estoy seguro que ninguno de nosotros desearía que alguién se tomara la libertad de decidir si debemos morir o no.

Yo creo que para muchos y creo que en esta categoría entro yo, tememos a la muerte, porque tememos al olvido tememos que se nos acabe la vida y nadie nos recuerde, que nuestras alegrías y tristezas hayan pasado en vano; que todos los años de sufrimiento y gozo que este mundo nos dio, no hayan valido la pena, que no hayan dejado huella, que algún día, no habrá un ser humano en el mundo, que recuerde todo el bien o mal que hicimos en el mundo. No por nada alguién, no recuerdo por el momento quien fue, dijo: “Nosotros morimos, haste el momento en que nadie vivo nos recuerda”.

¡A qué la muerte! Esa que muchos la temen y la respetan, que otros tantos hasta la creen santa, que unos cuantos como nuestros ancestros mexicanos, la festejan y se burlan de ella, yo no creo que por insensibilidad, yo creo que por miedo o por sabiduría.

¿Que tendrá la muerte, que es tan enigmática, que llama tanto la atención, que hay personas que no pueden ni mencionar su nombre porque les duele en el fondo del corazón? Yo no sé, espero no averiguarlo pronto.

So Lonely


He estado un poco ausente estos días, ya saben cosas que hacer por aqui y por allá, pero hay que entrar en materia. En la naturaleza hay sentimientos muy ambiguos, creo que ninguno como la soledad.

La soledad es un sentimiento o estado por el que personas han muerto, caen en profundas depresiones, enloquecen o pierden la confianza en si mismos, pero hay personas que la disfrutan, la viven, la añoran como un premio, una meta.

Esta extraña situación en que sólo nosotros los hombres nos encontramos, es tan fatídica, tan engañosa y tan llamativa que ha llevado a grandes hombres escribir o cantarle a ella; por ejemplo el gran escritor mexicano, Octavio Paz, u otro escritor también ganador de un premio Novel, el colombiano Gabriel García Márquez. Aunque me gustaría citar una frase del grupo español Gabinete Caligari (que si ustedes amables lectores, son jóvenes mexicanos, dudo mucho que lo hayan escuchado nombrar), que está en su excelente canción Camino Soria, y dice así: “Bequer no era idiota, ni Machado un ganapán y por los dos sabrás, que el olvido del amor se cura en Soledad, se cura en Soledad”.

Yo por mi parte no haré un libro ni un gran ensayo, sólo reflexionaré sobre mis dos puntos de vista, la parte sombría y temida y la parte añorada y dulce de la Soledad.

Muchas personas, incluyéndome a mi, tememos y nos duele mucho la soledad, es un sentimiento con el que no podemos vivir, nos duele más que la muerte, porque la muerte es sólo el fin de esta vida, no tendremos que arrastrar la muerte durante años de vida como muchas personas arrastran la soledad.

La soledad como muchas otras cosas es anatura, somos nosotros los hombres, seres sociales, gustamos y necesitamos de compañía, necesitamos alguién que nos escuche, alguién a quien importarle y que nos quiera y escuche, por más amargados y desepcionados que estemos de la humanidad en ocaciones, tendemos a buscar a otra persona con quien compartir esta ira.

Me da tanta tristeza ver en las calles a los indigentes, pero a una clase en especial, a esos que ya locos, muy ebrios, enfermos, tienen que seguir batallando con esta vida, a sus expensas, porque no tienen a nadie en el mundo, un sólo familiar, un sólo amigo que se preocupe con ellos, que los cuide, lo cual es una ironía, porque estas personas estan en la vil calle y ahi están rodeados todo el día y parte de la noche, por miles si no es que millones de personas que pasan a su lado sin regalarles, una mirada, una sonrisa, ya no se diga una moneda o un pedazo de pan, Estas personas viven en una soledad dolorosa y mortal, porque en algún momento esta soledad sólo los llevará a la muerte y me pregunto si muchos de ellos no preferirían la muerte a su estado actual.

Hay otras personas, como ancianos, enfermos o niños, que viven en hospitales, asilos y horfanatos, que muchas veces ya estan enfermos de soledad, porque no tienen personas que realmente se preocupe por ellos, más allá de doctores, enfermeras y monjas, que lo hacen por posible vocación o porque ese es su trabajo, para eso les pagan sin importarles si esas personas tuvieron padres o hijos, o una sólo persona en este mundo que en ese mismo instante este pensando en ellos.

La soledad también arrastra a las personas a hacer locuras, cometer suicidios, vengarse de mundo de su actual y lastimero estado, de su dolor. Las personas solas están intranquilas y dejan de confiar en la gente ya que los han abandonado. Las depresiones que sufren son por efectos de que no tienen con quien ni como expresar esos problemas que los abaten diariamente.

Pero la soledad no puede ser tan mala, excelentes seres humanos como Buda, Cristo y varios más se han alejado del mundo para reflexionar, para sentirse cerca de si mismos y de sus dioses. La soledad es una especie de guía, de compañía por raro que suene. Ha llevado a las personas a encontrar cosas que la soledad no da en la actualidad, cosas como serenidad, paz, tranquilidad y armonía.

Hay hermitaños que se han alejado del mundo por el odio o desepción que les ha dado la vida en sociedad y encuentran en la compañía del viento, de las plantas y los animales, la respuesta a sus angustias y el alivio de sus tristezas.

Muchas veces nos sentimos agobiados de las personas, nos enfadan, nos abruman con sus trivialidades, sus vanidades, su egoísmo, su odioso egocentrismo y lo único que queremos es escapar de ahi, estar lejos en la punta de una montaña, en un iceberg o en una isla desierta, cualquier lugar lejos de las peronas que lejos de darnos amor, nos dañan; lejos de acompañarnos nos hacen sentir solos y despreciados; en vez de ser un apoyo se convierten en un estorbo.

Asi que la vida de por si ambigua, tiene cosas como la soledad y de nosotros depende decidir, si la soledad es para nosotros una bendición o una maldición, si es necesaria o dolorosa, solo nosotros y en cada una de nuestras particulares y extrañas vidas sabremos si la maldita soledad es lo que nos hace enloquecer o nos da tranquilidad.

Cuando ni el viento nos consuela…


El viento es extraño, pero es amigo de todos, es el único que se atreve a juguetear con nuestro pelo en las tardes frías de otoño; nos dejá en primavera a merced del Sol abrazador pero vuelve con su distintiva alegría para mover las nubes y la lluvía en los veranos más bellos.

Hay días que la tristeza nos hace caminar como automatas, respirar por naturalidad, comer porque el estómago nos duele más que la cabeza. Esos días buscamos el Sol entre las nubes, o un arcoiris cruzando el cielo sin una olla de oro al final; dejamos que la noche nos caiga encima y observamos las estrellas, pequeñas y fugaces, como luciérnagas perdidas en el bosque, como caminantes que van con sus farolas a media noche desde su pequeña población en busca de una amante o un médico en el peor de los casos.

Pero el viento es el único que arrastra con todo, que se lleva la melancolia, que nos acaricia la cara y nos seca las lágrimas, que nos conmueve con sus halagadores silbidos entre montes y árboles. Sólo el viento en su enternecedor vaivén sabe que necesitamos un abrazo poderoso, que nos arranque las penas y nos aleje las cargas, para poder ir sin peso, volando con él hasta el fin del mundo.

Pero hay días en que las sombras simplemente se resisten a ceder, en que la noche no da paso al alba y la luna se pelea con el Sol con el afán de que las tinieblas nunca salgan de nuestro corazón y nuestro pensamiento. En esos días que las piedras se filtrán con más facilidad en los zapatos, que el dolor recorre nuestra espina dorsal, lenta y cadenciosamente para crearnos en la mente una sensación de que nunca va a desaparecer. En esos días en que las lágrimas corren por nuestra cara como ríos, que la tristeza nuestra no se conforma con brotar, sino que busca unir la trsiteza de los demás y dar rienda suelta a lastimeros cantos y culpabilidades que parece que siempre han estado ahi y nunca se marcharán.

En esos días, el viento busca nuestras caras y nos empuja sin respuesta, nos anima y nos mueve para juguetear con nuestros cabellos y llenarnos los pulmones con oxígeno purificador; esos días el viento no sabe que sólo nos arrastra hacia el abismo, que sólo nos empuja a terribles precipicios, que nos guía por caminos borrascosos hacia la cima de nuestro dolor. Esos días sin alegrías nos contagiamos de lágrimas y penas ajenas para sumarlas a nuestras cargas suficientemente pesadas. En esos días ni el viento nos consuela…

Espero que no cuenten en sus vidas con más días de esos que los dedos de sus manos, se los deseo desde el fondo de mi alma.

Hipocresia y mentiras…


En mi artículo pasado mencioné que la envidia es una de las cosas que peor me cae de la naturaleza humana, de las personas que con ego y celos empañan este maravilloso mundo. Pero si hay dos actitudes, acciones, defectos que en verdad no tolero, que están más allá de lo que puedo soportar es el mentir y el ser hipócrita.

Cada día las personas nos levantamos, muchas con un ideal de hacer un mundo mejor, otras con el afán de joderlo; ahi es donde entran los hipócritas que finjen ser lo que no son, que se las dan de genios, valientes, de personas que pueden hacer y deshacer el mundo en un abrir y cerrar de ojos; personas que te saludan de beso, abrazo y un gran apretón de manos y les das tan sólo un minuto la espalda y ya tienes 100 cuchillos clavados en la espalda por su falsedad.

Los hipócritas son incluso malos para ser hipócritas, para su arte de fingir, porque creen que todas las personas son ingenuas y que todas caerán en sus redes, en sus juegos y trampas, pero hay personas que nos damos cuenta de sus dos caras y que no nos atrevemos a denunciarlos; yo por mucho que sepa que alguién es así no me atrevo a difundir su estado, porque la verdad es su prolema el querer vivir su vida detrás de una máscara, pero trato de apartarme de su camino, de ignorarlos ya que su falsedad sólo atraé problemas, odio, orgullo y amargura en la vida.

He leído no pocas veces que las personas hipócritas sólo quieren fingir ser algo que no son, que les gustaría ser y que no pueden ser, por una incipiente falta de autoestima, yo creo que no es justificación, hay mil maneras de salir del hoyo, sólo escogen la más fácil y la más perjudicial.

Las mentiras, trampas regadas por doquier, que la verdad conozco muy bien, porque las usamos para protegernos, para no exponernos a los problemas, para que (por nuestra cobardía) no enfrentemos a una verdad, que muchas veces no es muy halagadora, pero es la verdad de todos modos.

Lo peor de las mentiras es que se van hilando, una mentira crea otra y esa otra más, para poder reparar algo y finalmente terminan escondiendo todo; las personas que no saben mentir y que sólo buscan hacerse las víctimas, hacer un daño, o cosas por el estilo, caen en el propio torbellino de sus mentiras, porque a fuerza de repetir sus cuentos, de extenderlos y de irle dando mejores matices, convierten sus mentiras en una verdad, que nunca existió, pero que más da, ese es el fin de una mentira ¿qué no? transtornar la verdad.

Mi invitación el día de hoy es ser sinceros, sobre todo con nosotros mismos, no mentirnos, no ser hipócritas con nosotros, buscar siempre la verdad duela lo que duela, cueste lo que cueste, hay que ser valientes, que al fin de cuentas es mejor una cruda realidad que este por siempre, que una bonita fachada de mentiras que tarde que temprano caerá y dejará ver ese teatro a un mundo que ha confiado en nosotros y que nos quede claro, que nunca más lo hará.

“LA VERDAD OS HARÁ LIBRES

Envidia, pecado capital.


Hay muchas cosas que me desagradan de las personas que nos rodean a diario. Una de estas es la famosisima envidia.

Investigando en wikipedia vi cosas interesantes que no sabía sobre la envidia. Como que Dante define la envidia como “amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos.” En el Purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era el de cerrar sus ojos y cocerlos, por que habían recibido placer al ver a otros caer.

Además descubrí que la envidia tiene un demonio personal llamado Leviatán (un gran demonio marino, también representa el caos antes de la existencia de la vida).

Ademas, según el The Picture Book of Devils, Demons and Witchcraft (Libro de imágenes de Diablos, Demonios y Hechicería), por Ernst y Johanna Lehner (Dover Publications, 1971), cada pecado tiene un castigo específico en el Infierno; la envidia en este renglón dice que las personas envidiosas serán castigas sumergiendolas en agua helada.

Bueno algo de teología, literatura y datos interesantes.

Pero de vuelta a la realidad, las personas somos envidiosas a más no poder, siempre queremos lo que otras personas tienen y si tenemos algo es díficil que nos guste compartirlo.

Por ejemplo, las muchachas, muchas exageradamente superficiales, siempre critican a otras, diciendole que que mal les queda la ropa, el peinado, la pintura etc. La razón fundamental de esas críticas es el deseo de tener esas cosas que no pueden tener y que las ven en otra persona (esta situación no es privativa de las muchachas, todo mundo lo hace).

Otra cosa sin lugar a dudas horrible, es la envidia de compartir amigos o personas de confianza, siempre queremos que nuestro mejor amigo o amiga tengan ojos sólo y exclusivamente para nosotros, ¡Ay de aquel! que ose quitarnos nuestros amigos, porque mínimo hacemos unos 100 rituales de voodoo y magia negra para deshacernos de ese pesado.

Muchas veces envidiamos posesiones, como lo dije anteriormente, a veces personas; pero algo que es aún peor envidiar, es envidiar las situaciones. Difamamos el éxito, el poder, la posición de las personas, porque por dentro nos morimos por estar en su lugar; decimos que tenían palancas, que se ha acostado con medio mundo para llegar ha donde ha estado, que no se lo merecía, que hizo trampa, entre otras muy ingeniosas ideas para demeritar el esfuerzo de las demás personas. Pensándolo muy bien me encanta una de esas ideas en específico, esa de que una persona tiene dinero, casas o posesiones interesantes, en los pueblos suelen decir que esa persona es narco, si todas las personas que tienen dinero son narcos, ¿dónde firmo para ser uno?

Esta es la naturaleza humana, ni que hacerle, podemos cambiar, querer y poder ser mejores, no envidiar cosas ajenas, mejor luchar para obtener las nuestras por propios méritos; no pelear por personas, mejor ser una persona que sea buscada y necesitada sin necesidad de prohibir nada; no envidiar situaciones, sino esforzarnos cada día más para lograr las nuestras. Es mi invitación el día de hoy, adiós envidia.