Una mente vacía…


Hay días como hoy en que de plano estamos en blanco, nuestra cabeza ya no se lleva también con nosotros, nos deja atrás volando en busca de algo que valga realmente la pena para ella mientras nosotros nos quedamos más que estancados, pérdidos.

Muchas veces nos encontramos lapsos en que parece que tu cuerpo se divide realmente en mente, cuerpo y alma, que tu alma se dedica a pensar en chingar bien sin mirar a quien, tu cuerpo obedece a las leyes de la hiperactividad o de la extrema flojera, mientras al mismo tiempo la mente se desconecta de la realidad y empiezas a divagar, sin necesidad de una droga; si en ese momento realmente necesitas concentrarte, creo que tendrás que darte por vencido, no lo vas a lograr, estas perdido, ya que la mente no obedece más que sus propias órdenes de vigilar con cuidado el vuelo de las moscas, de observar detenidamente un foco para descubrir como es que sale la luz del alambre enroscado del centro, además la mente se ocupa en descifrar el misterio de porque los cangrejos caminan al revés y porque la luna no es de queso si eso parece.

La mente es engañosa, porque nos traiciona en momentos tan cruciales como en un examen, en una entrevista de trabajo, en una presentación en la escuela o el trabajo, en una conversación con la chica de tus sueños. La mente se pone caprichosa y para en el instante en que decide que no vale la pena esforzarse ni pensar más, que está muy cansada y que a veces en donde deberíamos tener nuestro cerebro sólo hay un gran agujero negro.

Hoy mi mente me duele y está vacía, algún día escribiré algo que valga la pena.

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Remembranzas


Hola a todo el mundo que algún día se interesará en leer lo que escribo, el día de hoy o más bien ayer me encontré con una parte maravillosa de mi pasado, mi amigo de toda la vida y ex-vecino Josúe, además de con mis también ex-vecinas Patsy y Lizet.

Tuve un día en verdad increíble, recordando cosas, poniéndonos al día y sobre todo bromeando y viendo lo mucho o poco que hemos cambiado. En el transcurso de la amena tarde y noche descubrí que después de tantos años mi amigo y yo seguimos coincidiendo y que pueden pasar muchos más y lo seguiremos haciendo.

Este encuentro me sirve como pauta para escribir algunas cosas de lo que se siente y como se añora el pasado.

El pasado hagamos lo que hagamos y digamos lo que digamos, nos hayamos encontrado en situaciones duras o menos confortables de las que atravesamos en estos momentos, contra todo pronóstico, el pasado siempre es mejor que la actualidad, siempre nos sentimos contrariados de como han cambiado las cosas y exigimos una explicación de porque lo hicieron, si siempre estaban tan bien.

Al reencontrarte con una parte vital de tu pasado, sientes como el tiempo, enemigo de todo, ha pasado tan rápido y no te ha dejado disfrutar de la vida; pero al mismo tiempo el ver tu pasado a los ojos te hace robarle minutos valiosos al tiempo, a veces horas y sientes que has ganado pequeñas batallas a un enemigo invencible.

El encontrar personas y piezas clave de tu pasado quebramos mitos, tabúes y te cambia, porque ves todas esas cosas que te han hecho ser quien eres en la actualidad y te motiva a ver al futuro, a lo mejor un futuro más hermano y congruente con el pasado, aunque esto suele quedar en una promesa, como dos caminos que nunca se han de cruzar.

El amor al pasado, a los tiempos felices, esos de antes como los que ya no hay, a veces te hacen abrazarte a ideales perdidos, a esperanzas que se esfumaron entre polvo y viento, pero muchas veces ese amor puede ser una contraparte que te lleve al odio del presente y del futuro, de las preocupaciones y amarguras por las que atraviesas hoy en día y que nunca te pasaron antes.

Los tiempos pasados, llenos de sonrisas, de la infancia dejada atrás, de fijaciones y amores a lugares, personas, cosas, esos grandes tiempos que pasaron y no volveran, nos deberían llevar a vivir con más alegría y más esfuerzo nuestro presente, porque eventualmente se convertirá en un recuerdo, en un pasado, en las memorias e historias que quedarán atrás y que un día volverán a nuestra mente acompañadas de una sonrisa en nuestra cara.

Hoy festejo el pasado, algún día festejaré el presente o el futuro, no estoy seguro, hoy tengo remembranzas, memorias, recuerdos, sueños de los pasos que he dado, de mi rodar en la vida.

Pasado, muchas gracias.

Drive my car


Hay quien no cree en el destino ni en las coincidencias, yo creo que las coincidencias dejan de serlo si los eventos se repiten muchas veces, como si alguien moviera las cosas sin que los demás se den cuenta.

Mientras en mi computadora escucho a The Beatles y entre otras canciones “Drive my car”, hablaré de un tema que es común en nuestras vidas, que nunca analizamos, un tema tan común y corriente como manejar un carro o más bien de como hemos olvidado que hay ciertas reglas para conducir, reglas de civismo, de convivencia social.

Entre otras cosas me interesé en escribir esto porque hoy pelié a medio mundo mientras me dirigía a mi trabajo en la mañana; también porque mi hermana mayor Ana estuvo involucrada en un accidente de auto, sin mayores consecuencias, el día de hoy; y porque de regreso de la casa de mi novia por varias cosas venía manejando a 120 Km/hora en el Periferico y además de otras buenas maniobras de tránsito mientras ayúdaba a mi novia con unos mandados.

Hay que entrar en calor de una vez, hablar del tema.

Empiezo a analizar una cosa que todo mundo hace, ¿qué hacemos cuando vemos una luz amarilla en el semaforo? ¿verdad que todos bajamos la velocidad para detenernos antes del semáforo? Áquel que dijo que si hace esto, una gran felicitación, porque la gran mayoría vemos esa luz amarilla y pisamos el acelerador a fondo para alcanzar a pasar el semáforo, no podemos retrasarnos y al fin y al cabo la luz verde y la amarilla sirven para lo mismo, mientras estén encedidas podemos pasar.

¿Qué hacemos cuando tenemos que tomar una calle si venimos de otra de donde no tenemos la preferencia? ¿O en esas ocaciones en que debemos entrar en una línea de carros? Supongo que todo el mundo se espera y deja pasar a las personas con preferencia y entran cuando es más oportuno. ¡Mentiras! Siempre tratamos de entrar como sea, nos importa un comino si viene un carro, un trailer o un camión, siempre debemos ir primero. Debo reconocer que a veces esta situación es incitada por terceros, aunque esto no le quite la culpabilidad al conductor. Por ejemplo, si te acompañan en el carro hábiles conductores, como tu padre, tu tío incomodo, tu hermano mayor, tus amigos (expertos corredores de carreras), si estás esperando y ven que dejas pasar carros, menso es la palabra más amable que te dirán al respecto. Ya ni hablar de los agradables conductores que creen que con el claxón, avanzarás con más facilidad o rapidez, el claxón ha de ser algo mágico porque te proporciona las herramientas necesarias para avanzar en la calle, ¿o me equivoco?, si de hecho si, el claxón no mueve los autos, hace enojar a la gente, el claxón se usa en ocaciones muy especiales, de alerta no de prisa.

Otro caso patético es el de las ambulancias, es una molestia dejarlas pasar, al fin y al cabo la persona que va a en ellas no está tan enferma o seguramente morirá. Ese pensamiento es el de las cientas de personas que se pelean al dejarla pasar, pero esa es la menor de las faltas, porque cuando la ambulancia pasa, es como una batalla, claxons, motores rugiendo y las llantas rechinando ya que todo mundo quiere el privilegio de ir siguiendo a una ambulancia que ha abierto milagrosamente un camino para que avancen con mayor facilidad. Una noticia para estas personas, el camino no fue abierto más que para la ambulancia, no seas abusivo. Otro aviso, ni se te ocurra pasarte los altos, tu no eres la ambulancia (esto va para los que hicieron caso omiso a mi sugerencia de no seguir la ambulancia).

Aunque el tema es largo y hay otras miles de cosas que solemos hacer cuando vamos manejando, cuando dejamos de ser personas y nos transformamos en gorilas con miles de groserías a nuestro servicio, creo que sólo haré incapié en una conducta más y es esa de pelear y gritar palabrotas a cuanto se nos cruza en el camino. Un conductor aunque sea educado, decente, religioso o lo que sea, en su auto deja de ser civilizado y ay de quien se cruze en su camino, porque les van a llover comentarios tan agradables desde “cara de perro” (la mamá de mi amiga Caro la utiliza), hasta hijo de tu tal por cual, mínimo te aseguro que a tu mamá le zumbarán las orejas no menos de 15 veces. Esta es una de las conductas más incomprensibles, porque pelearte y decirle cosas a gente que jamás verás de nuevo en tu vida y que no sabes que tipo de gente será.

Para aplicar esta última sugerencia, de no utilizar groserías ni pelear, a la vida diaria, les regalo un ejemplo. Hace un año en mi ciudad de Guadalajara, en frente de una plaza llamada “Galerias”, a un señor de un carro se le atraviesa una camioneta negra, el señor de muy mal modo le empieza a pitar a la camioneta, le grita, le dice hasta de lo que se va a morir entre otras cosas; se baja el señor de la camioneta, le dispara dos veces al señor del carro y este muere, todo por una simple discución mientras conducían. Con esto como antecedente, creo que más de alguno podemos tratar de ser un poco más gentiles y en vez de gritar las cosas, decirlas en lo bajo para desahogarse, pero no cometer tonterías, ni meterse en mayores problemas.

Así pues amables lectores, para ustedes que conducen les extiendo la invitación de ser más civilizados al conducir, de dejar pasar a la gente, de no usar su claxon como si fuera un bello instrumento musical, de no gritarle a la gente ni pelearse, porque muchas veces, sacamos la peor parte. Hasta pronto y que les vaya bien bonito.

¿7 años?


Hoy estaba completamente dispuesto, créanme muy dispuesto a hablar de otras cosas, de trivialidades, de esos temas que son lo bastante vanales y amables que nos permiten por un minuto olvidarnos de lo jodida que esta la vida, bueno hay que estar muy tonto, muy ciego o hay que ser muy optimista o ingenuo para olvidar la situación actual del mundo, pero a veces se puede disimular, ustedes saben, pretender que por una vez todo es menos gris. Sin embargo me tocó escuchar una cosa nefasta en las noticias, en esos momentos más o menos a las 8:00 de la mañana que voy con mi papá en el carro y finjo dormir o en verdad duermo, cualquier cosa es igual de probable; hoy escuché en el noticiero Notisistema (en el radio, ese de cada hora en la hora) de las 8:00 AM que en un estimado de 7 años México necesitará importar petróleo porque es el tiempo que van a durar las reservas, me dije a mi mismo: “Esto o es un sueño o es una locura”

Pues claro que es una maldita locura, Chiapas tiene petróleo y uranio a morir, ¿se aprovechan?, ¿se usan?. El Golfo de México es más petróleo que agua, pero no no no, como es posible sacar petróleo de ahi si nuestra tecnología es una porquería; países de menor nivel económico que México, como Venezuela y Brasil (que pronto dejará de serlo), saben la importancia del petróleo en su economía. ¿Cómo es posible que México no invierta cantidades serias de dinero en cosas productivas para su primer fuente de ingresos? ¿O qué, pensamos vivir toda la vida de remesas?

7 años y se acabarán las reservas de uno de los 10 mayores productores de petróleo del mundo, espero que sea un sueño, porque si no, eso será más que una locura, una desgracia.

Empezando a rodar


Este es mi primer blog, en este formato así que empezaré escribiendo cotidianedades, cosas de la vida bonita y de la no tan bonita que vivimos a diario.

Hoy trabajando en mi hermoso trabajo tipo obrero sin maquinaría, me di cuenta de un fenómeno que muchos seres humanos tenemos, ese afán de alegar sin razón alguna, nomás por el simple hecho de hacerlo porque ya sabemos que no conseguiremos nada, muchas veces porque el error lo cometimos nosotros y no hay nada que alegar, sólo poner un curita y vámonos; otras veces porque la persona en frente de nosotros es tan intransigente que por más que hablemos, gritemos, digamos una sarta de groserías no conseguiremos nada.

¿Qué nos mueve a alegar y gritar sin necesidad de hacerlo, aun sabiendo que no conseguiremos ni siquiera probar nuestro malecho y pequeño punto de vista? Yo sólo encuentro dos opciones, el simple hecho de no querer quedarnos callados, innoble e inútil; o el alivio de probar un punto que a lo mejor sólo nosotros vemos o sabemos, pero que muchas veces es cierto aunque no sea escuchado, eso vale un poco la pena, nos quita una carga de encima.

Así que la próxima vez a abramos la bocota, que sea para algo que valga la pena y no sólo para vernos más idiotas de lo que ya somos y crear más ruido auditivo y psicológico a este mundo de mentes retorcidas.