El pequeño Luis


“Vivir en esta ciudad chiquita tiene sus ventajas y sus desventajas” reflexionaba para si el pequeño Luis, que nunca creció porque la gravedad le afectaba más que a los demás.

En la ciudad de Luis no había muchos rascacielos y los autos no iban muy deprisa, hasta le hacía por momentos preguntarse quién le había bautizado como ciudad, parecía más un pueblo, pero siempre había escuchado Ciudad Verde y no tenía sentido ponerse a discutir sobre el título de esa población.

Su trabajo era tedioso, pero interesante a la vez, el se encargaba, como trabajador subcontratado del gobierno de la ciudad, de limpiar ventanas en la ciudad. Ya sé que Luis se decía que era una ciudad pequeña, pero en los dos años que llevaba trabajando no había limpiado una sola ventana dos veces y no es que dejara tantas ventanas sin limpiar, solo que quera parte de una cuadrilla bastante grande y nunca repetían el mismo lugar.

Cuando limpiaba una ventana que le parecía particularmente conocida, no pasaba de ser que fuera la de un conocido o que simplemente se pareciera mucho a otras más, pues las ventanas son muchas iguales, lo distinto son los contenidos y eso no cesaba de sorprender.

“No se si nací para esto” eran pensamientos que invadían la mente del pequeño Luis que no temía a las alturas y se la pasaba brincando de una escalera a otra con presteza y agilidad y pasaba a la siguiente ventana y encontraba algo más que ver dentro de ella, algo que lo podía espantar, maravillar, aburrir o simplemente no le despertaba interés alguno. “Pero lo hago bastante bien” y así concluía sus pensamientos diarios para ir a dormir y al siguiente día volver a limpiar ventanas hasta que un día las haya limpiado todas para una vez más volver a empezar “Si que lo hago bien”

Divagaciones del 18 de Abril del 2017


Le tengo miedo a las sillas eléctricas,

pero eso no les quita su atractivo.

Mi sombra me habla por las noches,

dice que así es más fácil que la confunda con mi conciencia.

Mis uñas me han dolido desde la semana pasada

¿será porque las corté a la luz de un cuarto menguante?

Los calcetines se pierden en la noche

y encuentran su alma gemela camino al mar.

He pensado en volver a usar lentes,

para amplificar mi vista y dejar de ver a los demás como quiero que me vean a mi.

Le falta un árbitro sacerdote a mi corazón,

para que le expulse los demonios.

Necesito una regla que mida lo que escribo,

en ocasiones son puros disparates.

En ocasiones mi vida es un disparate

y la tuya también lo es

y si en ese margen de anormalidad podemos encontrar algo en común,

pues a la mierda con lo que el mundo considera normal,

al cabo lo normal siempre fue lo más difícil con fachada de simple.

Lo malo


Lo malo de dormir es tenemos que despertar,

un mal común al momento del soñar.

Lo malo de empezar a correr es que no puedes hacerlo por siempre,

inevitablemente te fallaran las piernas,

te faltará el aire

y tienes que parar,

enfrentar al demonio que te sigue detrás.

Lo malo de enamorarse es que a veces no llega a ser “amor del bueno”,

se pierde el interés,

no se encuentran lugares comunes

y algún día los caminos se habrán de separar

y te podrás rasgar las vestiduras y llorar mucho tiempo,

pero cuando se cure tu corazón,

se que entenderás

y la decisión parecerá buena.

Lo malo de planear es que la vida a veces es envidiosa

y lo que puedes hacer hoy no te dejará hacerlo mañana,

el futuro es un camino sinuoso y molesto

y a veces interpone muchas trabas en tu camino

y los planes se caen al suelo y se estrellan cual bolas de cristal.

Lo malo de los besos es que los que más duelen no se borran,

los que más gustaron no se repiten,

los que más urgen no llegan

y los que pueden salvarte están muy lejos.

Ahora debería decir algo bueno,

pero lo malo es que no se me ocurre.

Pedazos


¿Quién prendió la calefacción?

Ahora me siento tan cerca del infierno que lo último que necesito es calor adicional.

Me duele el estómago,

me siento flojo, lejos, distante

y este avión tan ávido de aventura,

tan cercano a la turbulencia

y tan alejado de la puntualidad.

El vuelo pierde la cabeza y la estabilidad,

se dirige de cabeza y sin frenos a una tormenta

y los rayos no dejan de alumbrar el horizonte.

Si tan solo entendieras que debes de parar,

que la autodestrucción y el alcohol no son la solución,

que tu depresión no se marchará en soledad,

que ya no te creo los pretextos,

ni los robos,

ni las quejas,

ni las niñerías.

No necesito tus llamas satanás,

si no vas a hacerme caso por lo menos no me obligues a verte caer,

porque tengo corazón

y las lágrimas que pueda derramar son evitables,

así como tu desplome,

pero la advertencia está ahí,

no te obligo a escucharme,

pero por poco cariño que me puedas llegar a tener,

déjame dar un paso al costado,

que no quiero recoger tus pedazos cuando te estrelles en el suelo.

Destino de carrerera


Manejando esta noche la vista cambia,

los ojos parpadean más.

¿Ciento treinta kilometros por hora?

¡Qué importa si es un poco más!

Las curvas se pasan igual,

cerradas o sinuosas,

la emoción se siente aún más, 

es una de las medicinas para matar este aburrimiento,

es lo necesario para enfrentar el entumecimiento.

Aire acondicionado,

las luces de los faros,

las canciones elegidas para pasar el rato,

es la mezcla para continuar andando,

pasar otro pueblo,

alcanzar otro carro.

Veo hombres trabajando en las carreteras por la noche

¿Qué pecado están expiando?

La neblina domina la ruta

y veo otro carro parado en el andén,

no paro,

nunca paro,

nunca lo consideré necesario,

espero que alguien si pare cuando yo esté en un apuro,

así de egoístas somos en el mundo.

¿Ya voy a ciento cuarenta?

El aire entra por la ventana,

la luz de otros carros afecta mi vista que no es la misma que hace diez años.

Sigo avanzando,

tiendas y gasolineras por los caminos,

extraños que nos topamos en los baños,

el café para seguir

y otro disco para cantar.

Ya veo el amanecer atravesando el parabrisas

¿Tiempo para parar?

Cuando llegue a ese lugar, 

el sueño me decía que cuando lo viera iba a saber que ese era mi destino.

Y aún persigo algún destino.

De aquí para allá


Y si no duermo

¿Cómo despierto?

Si no sueño

¿Cómo es que tengo pesadillas?

Y si no veo el día 

¿Cómo extrañaré la noche?

Si no caigo

¿Aún podré lavantarme?

Si no pregunto

¿Cómo obtendré respuestas?

Hay tantas cosas buenas que nos llegan después de padecer,

pero a veces nos cansamos de esperar.

En ocasiones es que ya esperamos mucho.

Divagaciones nocturnas


Caminar puede agotar tus piernas,

trabar las rodillas,

romper tu resistencia.

¿Pero puedes caminar lejos de la decepción?

¿Puedes alejarte de la soledad y del dolor?

No lo creo, 

los kilometros y los músculos no saben de amor,

no saben de pérdida,

no saben de tristezas.

Ni cascadas,

ni lagos, ni lagunas,

ni rituales, ni bebidas espirituosas,

ni andadores, calles o kioskos,

si tu mente no se decide a olvidar,

ni un milagro te puede salvar,

si el corazón no deja de amar,

ni una limpia te permitirá descansar.

No son las distancias, 

no son las horas,

es la sangre

y si está adentro lo que sangra,

cerca o lejos,

siempre dolerá

¡Y cómo duele ahora!